Movimiento Bolivariano Suroccidente Colombiano

DESMILITARIZAR LA VIDA ES UN IMPERATIVO PARA CONSTRUIR PAZ

Por: Simón Beltrán. Núcleo Bolivariano “Esteban Ramírez”. 

Ahora que se firmó el acuerdo final entre el gobierno nacional y las FARC-EP, dando fin a la expresión armada del conflicto político y social en nuestro país, la militarización de la vida social es una realidad que ya no puede ser negada. Hasta ahora, dicho fenómeno, más allá del exagerado presupuesto para la guerra, el servicio militar obligatorio y las batidas, ha sido el sustento ideológico de la persecución, la represión, la estigmatización y desaparición, de todo aquello que signifique acción y pensamiento crítico, beligerante y transformador.

La imposición de la doctrina militar en la vida social forma parte de una concepción del mundo, de las relaciones sociales y de los conflictos. La introducción de sus categorías y valores en la vida cotidiana, han dejado como consecuencia, la “legitimación” o naturalización de la persecución, estigmatización, desaparición o muerte de quienes piensan diferente bajo la consigna de exterminar al enemigo interno. Estas prácticas se han concretado en la implementación de una escuela para la subordinación y la obediencia que, representa la antítesis de los principios que toda sociedad democrática requiere.

El militarismo además implica patrones de comportamiento y roles establecidos. En las fuerzas armadas y de policía el uso de uniformes y niveles de mando son muestra de esto. La pluralidad, por ejemplo, es para el militarismo sinónimo de peligro, lo cual genera el desconocimiento del otro, la negación de la diferencia y ello se reproduce en las instituciones educativas. Es por esto que se repiten en diferentes ámbitos sociales las concepciones más básicas de la perspectiva militar en la vida cotidiana, suponiendo dicotomías entre amigo-enemigo y acudiendo a la violencia como herramienta para dirimir las contradicciones.

Con base en esto, la militarización de la vida social en Colombia debe avanzar hacia su desmonte en dos vías: la expresión institucional armada y el desmonte de su aparato ideológico, desvinculando al movimiento social de campañas contra-insurgentes. Tendrá darse la reconfiguración de prácticas educativas enmarcadas en modelos pedagógicos tradicionales, la no estigmatización de la producción  académica de conocimiento crítico y la democratización del mismo; también la democracia y la autonomía real de las universidades públicas, reformas laborales tendientes a la igualdad de género, pero también, es un esfuerzo de las bases sociales, la configuración de los territorios como escenarios de disputa contra-hegemónicos a partir de la construcción de nuevas formas de comportamiento en aspectos sociales, económicos y políticos.

La desmilitarización de la vida social en campos y ciudades, entendiendo esto como un proceso de construcción de principios éticos para la vida en democracia, con una paz estable y duradera, es un imperativo para la construcción de la Nueva Colombia.