Movimiento Bolivariano Suroccidente Colombiano

ESTEBAN PIEDRAHITA, LA ECONOMÍA Y EL POSTACUERDO 

Por: Lucas Carvajal. 1 abril 2016.

Esteban Piedrahita es la actual voz cantante  de la Cámara de Comercio de Cali. Con una formación académica envidiable y una brillante hoja de vida de tecnócrata y administrador, escribe semanalmente una interesante columna de temas económicos en el diario El País de Cali. Su lectura es recomendable toda vez que a través de ella se puede dilucidar las posturas de un importante sector de la burguesía vallecaucana.

Por eso mismo, a través de los últimos escritos de Piedrahita podemos escrutar la manera como este determinante poder regional -identificado con el proyecto de Juan Manuel Santos y con las últimas administraciones de Santiago de Cali- se está pensando el futuro del departamento y un eventual posacuerdo.  

Así, por ejemplo, es diciente la preocupación del autor en mención por la consolidación de Buenaventura como principal puerto del país, toda vez que es inminente el fin del boom minero-energético que ha guiado la economía nacional durante los últimos diez años (véase el artículo “Es el tiempo de las costas”).  

Para la consolidación de esta alternativa económica resultaría determinante la construcción de la autopista entre Uribe – Meta y Palmira, megaproyecto de enorme magnitud y gigantescos dividendos. Cerrar la brecha entre el oriente del país, el nodo industrializado del Valle del Cauca y el puerto de Buenaventura, aumentando la competitividad regional, sería la alternativa determinante para el futuro próximo de la región  (véase “Un eje transversal del desarrollo).  

En conexión con esto, Piedrahita insiste en una perspectiva optimista para la economía colombiana ante el fin del ciclo extractivista. Así, la industria liviana, el comercio y el sector terciario determinarían el horizonte cercano de una Colombia pronta a la firma de la paz, partiendo del liberal principio de que para redistribuir, tiene que haber algo por distribuir.  

¿Cómo se liga esto con la Mesa de Conversaciones y con el fin de la confrontación armada? El autor en cuestión lo resume en su artículo “¿Quién le teme al posconflicto?”:

“Sumando milicias y estructuras de apoyo es posible que de las Farc se desmovilicen unas 25.000 personas. Aún sin mayor acompañamiento (cosa que el Estado ya provee y que probablemente tendrá mayor énfasis tras la firma de un acuerdo), la economía colombiana está en capacidad de reintegrarlos sin siquiera un hipo, pues representarían tan solo el 0,05% de la población y el 0,11% de los trabajadores del país. Como puntos de referencia, Almacenes Éxito emplea más de 38.000 colombianos y en los últimos doce meses Cali sola generó 73.000 nuevos ocupados. (...)” 

¿Es esta una declaración que genere confianza en los rebeldes? Pensarse el posacuerdo simplemente como un fenómeno de absorción laboral funcional al modelo de acumulación de Piedrahita y su clase, resulta equivocado en tanto la militancia de las FARC-EP no ve un eventual Acuerdo Final como un trampolín laboral.

Por el contrario, los hombres y mujeres en rebelión vemos en un acuerdo de paz la oportunidad de continuar luchando por medios no armados y para tal fin disponemos nuestras fuerzas físicas y mentales para dedicarnos a construir organización popular, seguir militando en la causa revolucionaria y claro, trabajar, pero en proyectos e iniciativas productivas que construyan la paz en los territorios en donde históricamente hemos hecho presencia y en donde se requiere la implementación efectiva de los acuerdos, el fortalecimiento de la presencia institucional y la superación de las condiciones de miseria y abandono.

Para todas esas labores está la fuerza guerrillera dispuesta y a la orden. Pero no enmarcada por la búsqueda de la prosperidad de unos cuantos, como pareciera derivarse de la visión de Piedrahita, sino para construir un país donde el desarrollo y la economía se dispongan para las mayorías. 

Pensémonos sí, el desarrollo económico de nuestra región. Pero no veamos la paz como una simple ecuación contractual. De hacerlo, la prospectiva no dejará de ser la de la repetición del conflicto y la violencia.