Movimiento Bolivariano Suroccidente Colombiano

LA MUJER Y LA LUCHA

Por: Antonia Bolívar Azurduy. PCCC Suroccidente.

Una de las tácticas que se ha propuesto el Gobierno en el desarrollo de la guerra mediática que ha desatado contra las FARC-EP, es el de desprestigiarlas, vistiendo de víctimas de los guerrilleros a las mujeres farianas. El régimen tiene sus fuerzas concentradas en enlodar su espíritu libertario, colocándoles el pesado manto de la sumisión y la debilidad.

Pretende el Estado colombiano salvar a las farianas del “yugo guerrillero” dotándolas de una cantidad de reglas morales cristiano-machistas. Pretende obsequiarles un pesado corsé que les recuerde que la mujer no fue hecha para hablar ni luchar. Sus mensajes van impregnados con el concepto que la mujer para ser bella y aceptada en la sociedad debe ser flaca, sumisa, blanca, moderada, silenciosa, y por supuesto, incondicional al hombre; sin voluntad frente al mercado de consumo, cargando en sus espaldas el peso de la familia. Bajo esta idea, la mujer es pieza fundamental de una sociedad llena de malformaciones, de una cultura malsana que la expropia de su cuerpo, su mente y espíritu. Es el mundo de la mujer inconsciente, no de la guerrera que se levanta en armas contra la opresión.

Es un insulto para las comunistas farianas esa propaganda sucia y machista. Las calumnias sobre violaciones, prostitución y abortos forzados, tienen el claro objetivo de invisibilizar el largo camino avanzado por ellas en la liberación de la mujer a través de la lucha armada en Colombia. Las guerrilleras de las FARC-EP, además de que andan armadas y tienen un criterio político-ideológico de liberación, lo cual reduce mucho las posibilidades de una violación, tienen plena libertad para decidir su pareja. Han ingresado a un ejército revolucionario, yéndose en contra de todos los dictámenes de la sociedad católica, blanca y patriarcal. Se han decidido a luchar por la liberación de su clase. En las filas insurgentes las mujeres no son explotadas ni física, ni sexualmente y el gobierno lo sabe, les teme por eso. Le temen a la mujer consciente, combatiente, pensante y creadora de sociedades socialistas.   

En verdad, las mujeres guerrilleras supuestamente víctimas de las FARC-EP, no son preocupación para la iglesia y el gobierno. No es cierto que el Estado esté luchando contra la opresión de la mujer y que esté indignado por las injusticias que se cometen contra ellas. Su preocupación real es el papel que las guerrilleras puedan jugar si se llega a dar un acuerdo de paz. ¿Qué van a decir las farianas en el congreso, en el consejo, en las alcaldías y en las JAL sobre el aborto, el matrimonio igualitario o la adopción de niños por parte de las parejas gay? Que es justo, que hay que legalizar todo ello porque no es sensato cerrar los ojos a la realidad social. ¿Qué pensarán las farianas sobre el matrimonio y la castidad? Que son inventos con que se oprime y domina, que tenemos derecho sobre nuestro cuerpo, nuestro deseo y placer. Que la virginidad no existe, que lo único cierto es la dignidad, la libertad y el respeto de la diferencia.

¿Cómo va a aceptar la oligarquía criolla y católica colombiana que la mujer puede levantarse de su sitio de sometimiento histórico, alzarse en armas, tener amantes, ser una intelectual revolucionaria y hasta decidir no ser madre? No ha existido nada más violento que el despotismo patriarcal, blanco y religioso que nos oprime.  Nada más perverso e hipócrita que la moral cristiana frente a la condición de la mujer y sobre todo de la mujer de este continente que tiene que sumarle a su desventajosa condición de género, la condición de clase y además la condición de nacer en una colonia del imperialismo occidental.

Las insurgentes revolucionarias son casi la mitad del total de las tropas, son médicas, enfermeras, profesoras, manejan armas, explosivos, radio y vehículos. Forman parte de la Delegación de Paz de las FARC-EP y tienen silla como plenipotenciarias en la Mesa de diálogos. Dirigen la propaganda, la subcomisión de género y están en las comisiones internacionales. Las farianas están en todas las comisiones y delegaciones de todas las estructuras de las FARC-EP. Son muchísimas las mujeres que se han liberado y se han hecho comunistas en las filas de la guerrilla. Eso ya no se lo pueden arrebatar. 

En el Ejército del Pueblo no sólo se combate por el bienestar de la mujer, por la libre determinación sobre su cuerpo y pensamiento. Son muchas las cadenas impuestas que tendrán que seguir rompiéndose. Las y los farianos han dado pasos importantes en este sentido y falta mucho aún por construir. Es cierto que en filas las mujeres no son amas de casa, sumisas y silenciosas, tampoco juguetes sexuales, ni funcionarias de un sistema opresor y esclavista. En las filas guerrilleras no se repite acríticamente lo que el televisor, la escuela, la iglesia o el marido dicen. El método de estudio es a través de la palabra colectiva nutrida por medio del debate sano y crítico, las armas se usan para combatir al enemigo de clase y la acción de masas es ritmo que lleva en la ruta hasta la victoria. Los caídos y caídas nunca mueren porque son pueblo en armas. Esas mujeres son libres del machismo precisamente por estar en las FARC-EP, como guerrilleras, como militantes del Partido Clandestino, como milicianas o bolivarianas; siempre en movimiento, construcción y crecimiento. Mujeres y hombres libres que día y noche luchan hombro a hombro, levantados juntos frente a la opresión de este sistema de dominación. 

Es vano el esfuerzo del gobierno por desdibujar los avances en la lucha. Nosotras no somos víctimas de los guerrilleros, somos camaradas. Antes de ser farianas muchos hombres nos agredieron, hombres como los que están en el poder. Las farianas sabemos cuidar y defender nuestros derechos, con la palabra, la vida y las armas. Si de alguien hemos sido víctimas es del Estado terrorista colombiano, de la clase dominante latifundista y oligarca que lleva más de 200 años enquistada en la Casa de Nariño sin haber logrado concretar los mínimos y elementales avances tecnológicos, científicos o sociales que necesita cualquier nación. Todas las y los colombianos desposeídos somos víctimas de esta clase sanguinaria y larvaria que vive de nuestro sufrimiento, sudor e ignorancia.

El futuro de la patria no puede ser la guerra. Construyamos una Nueva Colombia en paz con justicia social. Encontrémonos todos y todas en una Asamblea Nacional Constituyente y digamos de una buena vez, nosotros el pueblo colombiano, cuál es la patria que queremos y que los oligarcas se vayan para donde sus amos, los imperialistas del norte.

Por favor señor Santos, no se esfuerce más con calumnias, que nosotras somos mujeres revolucionarias y estamos satisfechas con nuestras decisiones, somos mujeres en armas, somos FARC Ejército del Pueblo.