Movimiento Bolivariano Suroccidente Colombiano

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA HISTORIA Y EL CONFLICTO:

1962, AÑO CONVULSO.

Por: Edgar Piedrahita. Delegación de Paz FARC-EP. Mayo 25, 2015

La disciplina histórica se debatió en la primera mitad del siglo XX entre dos amplias vertientes: la de quienes consideraban la historia como una simple sucesión de fechas y acontecimientos, y la de aquellos que veían en el devenir humano un complejo entramado de procesos sociales, económicos, políticos y culturales.

En la primera tendencia estaban las diversas ramas del positivismo y del pensamiento conservador. Se trataba de resaltar fechas heroicas y grandes personalidades que definían los destinos de la humanidad. Es la historia de los “grandes hombres” y del culto a la fecha. En Colombia su clásico ejemplo es la obra de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, verdadera “historia oficial” con la que generaciones enteras de compatriotas construyeron un imaginario nacional tradicionalista.

En la segunda vertiente caben diversas corrientes -desde el marxismo hasta los estudios poscoloniales, pasando por las nuevas escuelas económicas- que han complementado las herramientas historiográficas clásicas (la crítica de archivos y fuentes) con un enriquecedor acercamiento a las demás ciencias sociales, particularmente la economía, la sociología, la antropología y los estudios literarios y del lenguaje. En Colombia su manifestación concreta estaría en el grupo que encabezó la renovación disciplinar hacia la mitad del siglo XX, con Jaime Jaramillo Uribe y Germán Colmenares como principales animadores.

Este debate, el de la contradicción entre suceso y proceso, se renueva y transmuta con ocasión del debate nacional sobre las posibilidades de una paz cierta, animado por las conclusiones de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas. A la pregunta concreta sobre los orígenes del conflicto pueden atisbarse por lo menos dos respuestas: aquella que ve el conflicto como derivación de la fundación de las FARC-EP y el ELN en 1964, esto es, existe conflicto en tanto aparece un contendor del Estado; y la otra, que considera que la expresión armada del conflicto social es la exacerbación de variadas tensiones que anteceden al surgimiento mismo de las guerrillas revolucionarias.

Los integrantes de las FARC-EP, sobra decirlo, nos identificamos con la segunda forma de responder a dicha pregunta. Aterrizando el debate en lo concreto, precisamente una fecha anterior nos permite demostrar que el conflicto como proceso social, económico y cultural no se circunscribe a las acciones fundacionales de Marquetalia y Simacota. Hablamos de 1962, un año que tendría muy poco de corriente.

Para los medios tradicionales, 1962 es un año más de tranquilidad republicana. En unas calmadas elecciones Guillermo León Valencia resulta electo con un 62,3% de la votación: el Frente Nacional pareciera gozar de buena salud. Un Millonarios con Ochoa Uribe en el banco y “Maravilla” Gamboa en la delantera resulta campeón contundente con varias fechas de antelación. En una etapa final de infarto, Roberto “Pajarito” Buitrago derrota a “Cochise” Rodríguez a las puertas de El Campín. Y en Cartagena, Martha Ligia Restrepo, Miss Atlántico, es coronada Reina Nacional de la Belleza.

Pero no todo eran albricias. Unos jóvenes bogotanos fundaban The Daro Boys y grababan el primer álbum de twist colombiano, desatando el pánico en una sociedad conservadora: el rock había llegado para quedarse. La revista Mito dedica sus últimas ediciones a recopilar el archivo del nadaísmo y a publicar el Segundo Manifiesto Nadaísta, verdadero ícono de la contracultura nacional. Una novela incómoda, La rebelión de las ratas de Fernando Soto Aparicio, se publicaba y ganaba pronto popularidad.

El 27 de agosto, pocos días después de la posesión del presidente Valencia, tropas del Batallón Codazzi de Palmira llevaban a cabo la masacre de Puente Rojo en Ginebra (Valle del Cauca) asesinando a once trabajadores afiliados a FEDETAV que se encontraban en una fiesta comunal[1]. En octubre es dinamitada la sede del Partido Comunista en Cúcuta[2].

El movimiento campesino fue sistemáticamente atacado durante todo el año. Contra las comunidades del Sumapaz se desató una campaña que incluyó el asesinato de Tulio Martínez Rodríguez y el llamamiento de El Tiempo a eliminar a Juan de la Cruz Varela. Similares situaciones vivieron campesinos e indígenas de Puerto Berrío, Fundación, Montelíbano, Viotá, Quimbaya, Valledupar, Riosucio, Ibagué, Puerto Boyacá, San Andrés y Paez[3]

En la Universidad Nacional, el año comienza con la destitución de Camilo Torres Restrepo como capellán del Campus por órdenes del cardenal Concha, y finaliza con el asesinato del estudiante Jaime Urdinola por un detective de la policía[4].

Es mismo año es publicada La Violencia en Colombia de Orlando Fals Borda, Germán Guzmán y Eduardo Umaña, un profundo estudio sobre el conflicto partidista de las décadas anteriores, resultado de una aguda investigación de campo, que abriría un necesario debate sobre las dimensiones de la tragedia nacional. Se sucedieron varios debates de la investigación en el parlamento, multiplicándose las denuncias sobre hechos horrorosos[5]. Como premonición a un periodo convulso, Carlos Lleras Restrepo señalaría en ese mismo año:

    “(...) podemos decir, sin exageración alguna, y hay centenares de compatriotas responsables que podrían confirmar mis palabras, que aquí se hicieron cosas más salvajes que las del Congo, más imperdonables (...)”[6]

La tragedia nacional comenzaba a pesar sobre las mentes de sus responsables y cultivadores. El país tradicionalista y bucólico parecía despertar ante la autoconciencia del horror vivido y de la responsabilidad compartida, mientras la modernización parecía llegar a cuentagotas.

Pero también en 1962, en febrero para ser más exactos, visitaría el país una delegación de alto nivel de oficiales de Escuela de Guerra Especial de Fort Bragg - Estados Unidos encabezados por el general William P. Yarborough. Dicha delegación formularía los lineamientos básicos para la conformación de grupos paramilitares de naturaleza anticomunista[7][8] en el marco de los primeros manuales contraguerrilleros de las fuerzas militares. Colombia vivía la paradoja de tener doctrina y accionar contrainsurgente antes del inicio mismo de la insurgencia. Durante todo el año, 200 oficiales de las fuerzas armadas colombianas fueron entrenados en los EE.UU.[9]

¿Define entonces un año, simple sucesión de fechas, los torrentes de hechos interconectados entre sí que le suceden? Sin duda alguna: no. Los hechos y las fechas no son más que parte de procesos mayores enmarcados en la correlación de fuerzas de la lucha de clases. En 1962 están ya las características de nuestra guerra: la democracia restringida, el terror de Estado, la resistencia campesina, la revuelta juvenil y el descontento popular.

Finalmente, para el efectivo esclarecimiento de nuestra tragedia nacional, quedan aún muchos archivos por abrir.

Notas

[1] Romero Ospina, Romero, “50 años de la masacre de Puente Rojo”, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=155143

[2] CSPP, Libro negro de la represión 1954-1980, p. 46.

[3] Ídem, pp. 46-49.

[4] Ídem, pp. 46-49.

[5] Ídem, p. 49.

[6] La Nueva Prensa, edición del 7 al 13 de marzo de 1962.

[7] Giraldo, Javier, “Aportes sobre el origen del conflicto armado en Colombia, su persistencia y sus impactos”, en: Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, 2015, pp. 443-444. Disponible en: http://www.mesadeconversaciones.com.co

[8] Vega Cantor, Renán, “La dimensión internacional del conflicto social y armado en Colombia: injerencia de los Estados Unidos, contrainsurgencia y terrorismo de Estado”, en: Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, 2015, pp. 725-726. Disponible en: http://www.mesadeconversaciones.com.co

[9] CSPP, Libro negro de la represión 1954-1980, p. 49.